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Quick Step: a recuperar la hegemonía

Tras mil y un rumores sobre el futuro de la histórica formación, hace unas semanas los empresarios Zdeněk Bakala y Bessel Kok llegaban a un acuerdo con Patrick Lefévère para la compra de una parte importante de la estructura dirigida por el manager belga. A esta estabilidad en el plano económico debe añadirse también la conseguida en la parcela deportiva a finales del mes de noviembre cuando la UCI les concedió una de las tres licencias ProTour que quedaban por asignar en aquellos momentos.

Esta renovación se ha visto también reflejada en la configuración de la plantilla, ya que una parte importante de la clase media del equipo ha sido renovada, mientras que piezas importantes como el sprinter Wouter Weylandt o Carlos Barredo han sido sustituidas por Francesco Chicchi y Gerald Ciolek o Niki Terpstra. Por su parte, la formación ha perdido y no ha encontrado sustituto a Stijn Devolder, quien pese a sus dos victorias en el Tour de Flandes se marcha del equipo por la puerta de atrás con la sensación de que han sido tres años desaprovechados por ambas partes.

Piezas clave

Este aspecto se reduce a dos nombres: Tom Boonen y Sylvain Chavanel.

Tommeke buscará este año reencontrarse con la victoria en las piedras y volver a levantar los brazos en Meerbeke y Roubaix, donde en ambos casos puede igualar el récord histórico de triunfos. Tras una temporada en que Cancellara fue el rey indiscutible sobre el pavé y sin un Devolder a quien ceder triunfos que en circunstancias normales hubiesen sido para él, como leyenda viva del adoquín no puede volver a quedarse por segundo año en blanco. Otro de los puntos claves para él esta temporada es el Mundial, uno de los considerados como fáciles, similar al de 2005 en Madrid donde el flamenco consiguió enfundarse el arcobaleno.

Chavanel, por su parte, en la madurez de su carrera deportiva, deberá volver a ser el corredor que deslumbró hace dos temporadas primero en París-Niza y más adelante en las piedras. Además, los movimientos en el equipo hacen de él el referente belga para las clásicas de las Árdenas, donde si bien no ha conseguido nunca resultados extraordinarios, su innegable calidad podrían auparle a puestos de honor. Tras la primavera tocará cargar las pilas para centrarse en el Tour de Francia en que será difícil igualar la extraordinaria actuación conseguida el año anterior.

La posible explosión de… Zdeněk Štybar

La llegada de capital checo a Quick Step ha hecho que a sus 25 años se le presente al campeón de ciclocross la gran oportunidad de su vida de dar el salto al ciclismo profesional, pese a que a fecha de hoy todavía no se ha confirmado el fichaje tras un mes de tiras y aflojas. Cierto es que siempre es complicado el paso desde el ciclocross a la carretera, pero sus magníficos resultados los últimos años, su juventud y las buenas sensaciones mostradas por Lars Boom, el último grande del ciclocross que dio el salto, hacen que sea posible pensar en él como una de las revelaciones de la temporada.

De todos modos, si la opción Štybar fallase, en el equipo se encuentran dos ciclistas jóvenes como Kevin Seeldrayers y Gerald Ciolek que a sus 24 años llevan tiempo apuntando alto pero que nunca han sido capaces de dar el salto definitivo al estrellato. Esta puede ser la última oportunidad para ellos de demostrar que tienen un hueco entre los corredores de primera fila mundial.

¿Hasta dónde puede llegar Quick Step?

Como viene siendo normal los últimos años, la temporada del equipo vendrá marcada por los resultados conseguidos los dos primeros fines de semana de abril, si se consiguen sendas victorias en el Tour de Flandes y la París-Roubaix, a poco que se consiga durante el resto del año la temporada habrá sido un éxito, de lo contrario, por mucho que se logren resultados magníficos como la campaña anterior, quedará un sabor de boca un tanto amargo. El gran problema este año es que la irrupción de equipos como BMC o Garmin-Cervélo, que han apostado descaradamente por las piedras, hará más complicada la labor de Boonen de dominar sobre el pavé.

El resto de la temporada quedará marcado por la París-Niza y el Tour de Francia de Chavanel, y triunfos parciales que puedan conseguirse en GTs o en las vueltas de una semana más prestigiosas.

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Temporada de pequeñas alegrías y grandes decepciones en Quick Step

2010 se presentaba como la oportunidad perfecta para, como se dice en la NBA, sentar dinastía. Se venía de ganar los dos años anteriores el Tour de Flandes con Stijn Devolder y la París-Roubaix con Tom Boonen, y el objetivo principal de la temporada era el de repetir ambas victorias.

La temporada se inició como estaba previsto, gracias a las victorias de Tom Boonen en Qatar y Omán, que luego quedaron rematadas con una victoria en un sprint algo descafeinado en Tirreno-Adriático. Tommeke llegaba en plenas condiciones a la primera cita importante de la temporada, la Milán-San Remo, pero en las calles de San Remo no tuvo ninguna opción ante Óscar Freire y quedó relegado a la segunda posición.

Poco antes, en París-Niza, Sylvain Chavanel estaba lejos del ciclista que sorprendió el año pasado con una tercera posición final, quedando bastante alejado de los mejores. Su planificación de la temporada era algo más conservadora para intentar brillar durante mitad de temporada. De Devolder no se tenían noticias.

Y tras bastantes chascos en las carreras de piedras previas llegó el Tour de Flandes y con él un duelo que pasará a la historia. Boonen contra Cancellara, Cancellara contra Boonen. La historia ya la conocemos, en un duelo épico, el suizo se deshizo del flamenco en el Kappelmuur, Tommeke tuvo que conformarse con la segunda posición otra vez.

foto: cyclingweekly.co.uk

No había tiempo para lamentaciones, con la llegada de la París-Roubaix Boonen tenía una oportunidad de desquitarse de los segundos puestos en los dos Monumentos previos, pero el golpe moral había sido muy importante. Se le vio activo y luchador, pero en un momento de despiste Cancellara se fue en solitario, y con él las opciones de igualar a de Vlaeminck con cuatro victorias en el velódromo. Se había repetido la historia de 2007, donde tras dos años haciendo doblete, se hizo una buena Milán-San Remo, pero ni allí ni en las piedras se consiguió ganar.

Pero más allá de no ganar, lo preocupante había sido el equipo, donde sólo Boonen había estado a la altura. Así pues, a mitad de Abril, mucho tenía que cambiar la temporada para no ser considerada de fracaso.

Y sin embargo, el equipo consiguió resultados después de Abril. Victorias de etapa en Giro (Weylandt y Pineau), Tour (dos de Chavanel, que le reportaron dos días de amarillo) y Vuelta (Barredo), además del resurgir de Devolder (Tour de Bélgica y los dos campeonatos nacionales), han servido para maquillar una temporada que en líneas generales ha sido mala, pero que sin estos triunfos hubiera resultado casi desastrosa.

foto: bikereviews.com

La única opción de dar una última alegría a los aficionados y que cambiase la valoración global de la temporada estaba en Geelong, pero los problemas de rodilla de los que Boonen ha estado aquejado desde la caída en el Tour de Suiza hicieron que el campeón de 2005 no pudiese tratar de revalidar el título en un circuito que se le adaptaba perfectamente.

Se abre ahora un periodo en que Patrick Lefévère deberá reflexionar sobre el rumbo del equipo. Boonen sigue siendo uno de los grandes de las piedras y Chavanel un corredor muy completo, pero ¿y el resto? Con la salida de Devolder y Barredo se pierde muchísima presencia en las carreras, que no parece que pueda recuperarse con los ciclistas que llegan al equipo, mientras que la salida de Weylandt se suple ampliamente con la llegada de Chicchi y Ciolek, lo que debería asegurar al equipo un buen número de triunfos parciales. La clase media por su parte, ahí queda, en constante regeneración, cumpliendo en mayor o menor medida su objetivo de ayudar, aunque con dificultades para brillar.

Se presenta un año en que el equipo volverá a depender única y exclusivamente de Tommeke y su resultado en las piedras, que como se ha visto este año, es una apuesta arriesgada aún teniendo en las filas del equipo a una auténtica leyenda de los adoquines.

Xavier Andrés

La redención de una generación

A principios de década el ciclismo francés pasa probablemente por el momento más bajo de su historia. Las secuelas del caso Festina son terribles y grandes figuras que no consiguieron culminar sus aspiraciones de vencer el Tour como Jalabert o Virenque son ya demasiado viejos para volver a intentarlo, caminan hacia su retirada buscando glorias menores que acaben de dar lustre a su gran palmarés. En la madurez practicamente nada, nadie. Solo un talentoso Moncoutié que no consigue trasladar su capacidad escaladora a las montañas del Tour, forjándose fama de taciturno según unos, de ciclista pulcro según otros, para la mayoría, otra eterna promesa. El panorama es desolador. Son ya más de quince años sin ganar el Tour y las perspectivas son peores que nunca, sin ningún candidato reconocible para ello. La opinión pública busca recuperar la fe, la credibilidad de un deporte muy tocado y el ciclismo francés opta por el borrón y cuenta nueva a partir de un valor por encima de todos, el juego limpio. Se dice que el dominio extranjero es producto del dopaje, se instaura la teoría de las dos velocidades en el pelotón, quizá tan cierta como indemostrable, pero creadora de un victimismo también perjudicial a la hora de evaluar las miserias de un país, que aunque seguía produciendo figuras, llevaba sin ganar su carrera desde que Hinault lo hiciera por quinta vez en 1985, trece años sin triunfos hasta el maldito 98.

Así, en 2001, cuando un veteranísimo François Simon consigue el maillot amarillo producto de una numerosísima fuga un dia lluvioso camino de Pontarlier, 35 minutos de diferencia con un pelotón de paseo, se celebra como un gran triunfo. Aunque Armstrong, que ha pasado de admirado por la superación del cáncer a apuntado por la supuesta ventaja deportiva que la medicación para su enfermedad le ha dado, impone su ley en todas las montañas hasta conquistar su tercer Tour. Simon corre en el Bonjour, un equipo nuevo y modesto, creado por Jean-René Bernaudeau, que busca representar el nuevo ciclismo francés y en la defensa de su liderato, llama la atención la presencia del ciclista más joven del Tour, Sylvain Chavanel, a quién se presenta como la gran esperanza de futuro…

El joven ciclista de la Vienne completa un Tour más que meritorio para su edad, trabajando para Simon y llegando hasta Paris en la 65ª posición de la general. Los dos años siguientes confirman su talento, con varias victorias y actuaciones destacadas principalmente en el calendario nacional y también en el Tour luchando en las fugas y terminando entre los 40 primeros de la general. Sin embargo, la progresión de Chavanel no es la esperada, pasan los años y no consigue brillar con los mejores en las montañas y se pierde en la indefinición como ciclista. El lucrativo fichaje por Cofidis, un equipo por entonces caótico, con múltiples clanes, fracturas internas y problemas con el doping de distinta índole, tampoco ayuda. El equipo y él tocan fondo en 2007, con la detención del italiano Moreni en la cima del Aubisque tras dar positivo por testosterona, el conjunto en pleno decide marcharse del Tour.

Chavanel se reencuentra con las ganas de bicicleta en la Vuelta (termina décimosexto en la general) y afronta 2008 como un hombre nuevo, el renacimiento del Chavanel ofensivo y valiente de sus inicios, pero en su madurez física. Su principio de temporada es brillante, con victorias de prestigio como el Tour del Mediterraneo, una etapa de la Paris-Niza (dónde también viste de amarillo) y las semiclásicas belgas Flecha Brabanzona y A través de Flandes. Un brillante todoterreno que confirma su reinvención en el Tour, fugado constantemente, finalmente ganador de etapa en Montluçon, elegido ciclista más combativo de la carrera. Fichaje por el todopoderoso Quick Step que confirma su cambio de mentalidad, brillante en las clásicas y en los inicios de temporada, siempre combativo en el Tour, dónde este año le ha llegado su mayor gloria con dos grandes victorias y sendos maillots amarillos, siempre al ataque, en solitario, sin mirar atrás. Sylvain Chavanel representa a la perfección la evolución, las luces y sombras de esta generación gala que por fin va encontando su redención, con sus grandes exponentes brillando en este Tour, totalizando seis victorias de etapa, algo que no sucedía desde 1997, un año antes de la caída del antiguo regimen.

Tour Chavanel

Aunque bastante diferentes cada uno de ellos, Fédrigo, Voeckler y Casar han tenido evoluciones similares. La excepción es Riblon, algo más joven, proveniente de la pista, routier tardío que sorprendentemente ha encontrado en la montaña su mejor terreno, como confirmó en Ax-3-Domaines.

Escondido tras una apariencia histriónica y algo excesiva en sus gestos hay un ciclista más que notable en Thomas Voeckler. Un alsaciano criado en Martinica, adónde su familia se trasladó para que su padre disfrutase de su pasión por la navegación antes de desaparecer con su barco en pleno océano, y que vive en Vendée, la tierra de su equipo de toda la vida en el profesionalismo en la que se proclamó campeón de Francia en ruta por segunda vez en su carrera el mes pasado. Voeckler era un corredor menos conocido en su amateurismo y llegó a los pros sin demasiada fama. Bernaudeau apostó por él y se lo llevó en su primer año de profesional al Giro y el joven “Titi” fue el único del equipo que terminó la carrera, eso sí, en penúltima posición, a casi tres horas de Simoni. Su gran salto llegó en 2004, ganando el campeonato nacional por primera vez y conquistando el maillot amarillo en una fuga en la primera semana, una prenda que conservó durante 10 días, tras una gran defensa en los Pirineos. Voeckler no es un escalador y nunca ha repetido esa 18ª posición en la general, tampoco es un sprinter, ni un rodador, pero ha sido capaz de aparecer en muchos terrenos, en muchas carreras. Dos victorias de etapa en los dos últimos Tours, este año brillando en el durísimo Balès, doble campeón nacional, múltiples victorias en el calendario francés, buenas actuaciones en el Giro, en las clásicas flamencas y ardenesas, en definitiva, un buen ciclista.

Casar es de todos el que ha estado más cerca de ser un hombre-Tour. Desde su revelación en la Paris-Niza de 2002, segundo con apenas 23 años detrás de un pletórico Vinokourov, fue la gran apuesta de Marc Madiot para la Grande Boucle. El ciclista de Mantes, en el extrarradio parisino, fue poco a poco progresando, ganando etapas de montaña en la Vuelta a Suiza y la Ruta del Sur y terminando décimotercero el Giro de 2003 y décimosexto el Tour de 2004. Pero su progresión no fue más allá. Casar es un ciclista muy luchador, regular y constante, pero no lo suficientemente brillante en la alta montaña para luchar por la general del Tour. Aun así consiguió terminar sexto el Giro de 2006 tras conseguir bastante ventaja en una escapada, en lo que se convirtió en su nuevo modus operandi. Así llegó su primera victoria de etapa en el Tour en 2007, tras caerse al cruzársele un perro cuando iba fugado, fue capaz de reengancharse a la cabeza, atacar y terminar ganando, un ejemplo perfecto de su constancia. Desde entonces, una madurez que le ha permitido firmar notables actuaciones en pruebas de una semana de gran nivel como País Vasco o Romandía y seguir brillando en las fugas de montaña en el Tour, llegando hasta la undécima posición en la general en 2009 y con el colofón de la gran victoria en Saint-Jean de Maurienne tras pasar la Madeleine.

Fédrigo, más escalador, más rápido en los metros finales, más irregular, más frío, despuntó en Crédit Agricole en los Tours del Porvenir, perdiendo en 2002 por apenas un segundo frente a Evgueni Petrov, ganando en el durísimo final de Mende en 2003, pero no consiguió trasladar ese rendimiento a la carrera grande. Finalmente ha encontrado su sitio como reputado cazaetapas en la estructura de Bernaudeau, ya van tres en el Tour, gran ciclista en días sueltos, ganando carreras cortas de mucho nivel como el Critérium Internacional o el Gran Premio de Plouay. Su victoria en Pau es un gran ejemplo de ello, fortísimo en los ascensos al Tourmalet y al Aubisque, sangre fría y mucha potencia para resolver en el final.

Ninguno de los cuatro ha logrado saciar la sed de victoria en el Tour que sigue aumentando para los franceses, pero todos ellos han contribuido a recuperar la autoestima perdida, a abandonar los complejos y poder ilusionarse con el futuro. Quizá los Sicard, Geniez o Pinot que ahora empiezan a despuntar sean los mesías esperados, o quizá no, todavía haya que esperar más. Mientras tanto, pueden seguir disfrutando de la plenitud de una generación de buenos ciclistas que nunca ganarán el Tour.

Jordi Martínez

De dos en dos, Chavanel repite victoria y amarillo

Quien le iba a decir al bueno de Sylvain que después del tortazo que se pegó allá por Abril iba a poder estar en el Tour de Francia y conseguiría la gesta que ha realizado en esta primera semana de competición, dos victorias de etapa que le han llevado al liderato y al entusiasmo de los aficionados locales los cuales están faltos de una estrella sobre la bicicleta.

Con la segunda baja para Euskaltel-Euskadi tras la retirada de Juanjo Oroz arrancaba la etapa en Tournus y apenas transcurrido cinco kilómetros la fuga estaba hecha. Resulta sorprendente la facilidad para su formación durante esta primera semana, donde a las primeras de cambio y sin mucha complicación la fuga salía adelante. Esta vez era el turno para el portado de malliot con puntos rojos, Jerome Pineau (Quick Step) que ante una jornada con seis puertos puntuables buscada asentar su liderato. Junto a él, Rubén Pérez (Euskaltel-Euskadi), Christian Knees (Milram), Samuel Dumoulin (Cofidis) y Danilo Hondo (Lampre) marcharon por delante llegando a conseguir una renta superior a los ocho minutos frente a un pelotón que dejaba hacer.

Con el francés de Quick Step coronando por las diferentes cotas transcurría la etapa sin tener claramente un equipo que asumiese el control para echar abajo la escapada. Fue el Bouygues quien tomó la iniciativa de la caza para buscar las opciones del campeón nacional francés, Thomas Voeckler.

Así pues, con el trabajo de los corredores del equipo francés la renta fue menguando hasta dejarla en un minuto en plena ascensión al Col de la Croix de la Serra de segunda categoría, momento en el que Voeckler junto a su compañero Gautier aprovecharon para marcharse en busca de los fugados, uniéndoseles en un primer instante Perget (Caisse d’Epargne) y Lloyd (Omega Pharma-Lotto) y poco más tarde Valls (Footon) y Cunego (Lampre).

Pero el movimiento clave sería el salto de Garate, Chavanel y Kolobnev, en el que sólo el francés sería capaz de contactar con los que adelante que buscaban a Hondo y Pineau, sobrevivientes de la escapada del día.

Ya en plena ascensión a la última dificultad de la jornada, la Côte de Lamoura, Gárate se unía al grupo de Chavanel, al igual que José Iván Gutierrez, y poco después, como si estuviesen sincronizados, los dos corredores del Quick Step atacaron, Pineau a Hondo y Chavanel al grupo. Los dos consiguieron su propósito y sería el segundo quien alcanzaría al primero cuando restaban 13 kilómetros para la meta marchándose en solitario hacia el triunfo. Por detrás, Valls salía a la caza de Chavanel y en el pelotón tiraba un Astana que dejaba descolgados a Cancellara, Geraint Thomas y a Andreas Klöden como hombres más importantes.

En meta, doble premio para Chavanel que se vuelve a vestir de amarillo con la difícil misión de defenderlo en Morzine en la verdadera primera jornada de montaña, con dos puertos de primera donde uno de los cuales, Morine-Avoriaz, estará instalada la línea de meta. Por su parte, Valls finalizaba en una brillante segunda posición a 57 segundos con Garate tercero y el grupo de favoritos a 1.47 del ganador.

Miguel Hermosilla

Primero Chavanel y luego el bochorno

Día gris de verano en Bruselas. Llueve y hace fresco. Los ciclistas del Tour tienen por delante 200 kilómetros atravesando el corazón de Valonia hasta llegar a Spa, los últimos 100 en un infinito sube y baja tan típico de las clásicas ardenesas de finales de abril, la Flecha Valona y la Lieja-Bastoña-Lieja. Un escenario propicio para corredores valientes y potentes en un terreno vetado a los sprinters por su dureza y desechado por los peces gordos de la general pensando en desafíos todavía lejanos. Un escenario perfecto para un enorme ciclista como Sylvain Chavanel, que ha encontrado una merecedísima gloria en un día en que el pelotón del Tour ha vuelto a protagonizar otro episodio bochornoso, evidenciando una vez más una falta de competitividad y amor propio inaceptable en un deporte como el ciclismo.

La etapa pudo ser espectácular y decisiva para el devenir del Tour, sobretodo cuando en el estrechísimo y mojado asfalto del descenso de la Côte de Stockeu se produjeron varias caídas que afectaron a varios de los favoritos al triunfo final, especialmente a los hermanos Schleck, pero también a Armstrong y a Contador, pero terminó en un lamentable pacto de no-agresión entre el grueso del pelotón. La carrera salió diezmada en pequeños grupos de esa bajada pero ante el caos, los ciclistas optaron por parar y esperar hasta el reagrupamiento general de todos los damnificados. Es el mal del ciclismo moderno, apenas hay iniciativa ni capacidad de improvisación, lo que conduce a situaciones tan surrealistas y lamentables en el que se mata toda competición hasta el punto de no esprintar ni por los preciados puntos del maillot verde.

Es mejor hablar de los pocos nombres salvables del día: Chavanel y sus siete acompañantes en la fuga, su compañero Pineau, primer líder de la montaña, Roelandts, Lloyd, Burghardt, Turgot, Taaramae y Gavazzi, que se batieron sin descanso en las cotas aun sabiendo que el pelotón les pisaba los talones, hasta que la mayor fuerza del francés del Quick Step se terminó imponiendo. Lo que no sabían es que varios favoritos se caerían y el pelotón decidiría pararse. No deja de ser significativo que el día del plante gane un ciclista como Chavanel, que siempre lucha por muy difícil que lo tenga. El éxito hay que perseguirlo.

(Foto: © Roberto Bettini)

Y es que precisamente en la Lieja-Bastoña-Lieja fue dónde se cayó hace poco más de dos meses Chavanel, fracturándose el cráneo, lo que a priori descartaba su presencia en el Tour. Era un revés más en el annus horribilis del corredor galo, aquejado desde principios de temporada de distintos problemas físicos que le habían impedido brillar en las clásicas, sus carreras preferidas. Pero Chavanel, tipo duro como pocos, no se rindió y se recuperó a tiempo para disputar la Vuelta a Suiza y poder presentarse al Tour con el rodaje suficiente para afrontarlo con garantías. Rápidamente ha encontrado su recompensa. Segunda etapa en nueve Tours y primer maillot amarillo. Un botín que empieza a hacer justicia a un corredor que año tras año demuestra que no hace falta ser el mesías que los franceses llevan tanto tiempo esperando para ser un ciclista más que notable al que merecerá la pena recordar por su bravura cuando termine su carrera profesional.

Jordi Martínez

Campeonatos Nacionales – Día 1

Ya nos hemos metido de lleno en los campeonatos nacionales. Ayer, 24 de Junio, día de San Juan, muchos fueron los lugares en los que se dio el banderazo de salida a las competiciones profesionales, siendo en todos los casos la prueba contrarreloj la que ha servido de apertura.

A continuación, los resultados y valoraciones rápidas.

  • Suiza: con la ausencia de Fabian Cancellara, victoria para Rubens Bertogliatti, el corredor del Androni Serramenti – Diquigiovanni ganó por segundo año consecutivo la prueba. Tercero fue Martin Elimger, quien se vio superado por un desconocido pistard que hacía casi una década que no participaba en la modalidad de ciclismo de carretera, Alexander Aeschbach.
  • Suecia: se cumplieron los pronósticos, tras más de una hora sobre la bicicleta, el ciclista del Team Saxo Bank Gustav Erik Larsson se hizo con la victoria aventajando holgadamente al joven Sebastian Balck (1988) y al corredor de Garmin Fredrik Kessiakoff llevándose, tras dos años de sequía su tercer maillot sueco contra el crono.
  • Kazakhstán: por tercer año consecutivo, Andrey Mizourov, se llevó el campeonato nacionales apeando a los corredores del Astana que desde su creación, nunca ha sido capaz de llevarse la prueba CRI; tuvieron que conformarse con la segunda posición de Roman Kireyev, mientras que tercero fue Daniil Fominykh (1991).
  • Países Bajos: Rabobank continúa con su reinado en su tierra metiendo a siete de sus corredores entre las diez primeras posiciones. La prueba la ganó Jos Van Endem por delante de Koos Moerenhout y Lieuwe Westra del Vacansolei. A destacar el mal papel de Lars Boom, quien volvió a disputar la prueba dos años despué de su victoria y acabó séptimo a más de minuto y medio del vencedor.
  • Eslovaquia: sobre un recorrido de 40km, el joven corredor del Team Columbia – HTC Martin Veltis no tuvo problemas en adjudicarse una prueba en la que le acompañaron en el podio Pavol Polievka y Robert Nagy, ambos del conjunto local Dukla Trencin – Mérida, equipo que, como curiosidad, fue uno de los equipos donde se formó de Peter Sagan.
  • Polonia: el ciclista del Saxo Bank Jaroslaw Marycz, tras tres años en los que los hermanos Bodnar habían dominado el campeonato, apeó al corredor del Liquigas, Maciej Bodnar, de su trono haciéndole conformarse con la segunda posición por detrás mientras que Marcin Sapa, de Lampre, se hizo con la tercera posición.
  • Noruega: Edvald Boasson Hagen confirmó los pronósticos adjudicándose así, a sus todavía 22 años, su cuarto entorchado consecutivo, y dando al Team Sky su primer maillot nacional de producción propia. Parece ser que la dinastía que ha empezado en Noruega en la prueba contrarreloj sólo acabará cuando Boasson Hagen decida que es suficiente. Le acompañaron en el podio Reidar Borgersen y Stian Saugstad.
  • Luxemburgo: con la baja de Kim Kirchen por su internamiento en un hospital debido a los problemas cardíacos que padeció durante el Tour de Suiza, los hermanos Schleck consiguieron un doblete en el que Andy superó a Fränk. El tercer lugar fue para el veterano Christian Poos. Se hará raro ver a un Schleck con un maillot especial para las CRI.
  • República Checa: Frantisek Rabon no tuvo problemas para cumplir las expectativas y ganó su tercer campeonato consevutivo aventajando a Jan Barta y Leopold Konig.
  • Dinarmca: triplete de Saxo Bank, donde Fakob Fuglsang, Alex Rasmussen y Michael Morkov Christiensen coparon las tres primeras posiciones. El primero fue Fuglsang, que llegará al Tour en un estado de forma espectacular, con únicamente cinco segundos de ventaja sobre Rasmussen.
  • Francia: tras su triunfo en el Critérium du Dauphiné, Nicolas Vogondy se llevó a sus 32 años su primer título como campeón francés por delante de un Sylvain Chavanel que volvió a tener que conformarse con la segunda posición y un Laszlo Bodrogi, que tras su reciente nacionalización corrió su primer campeonato como ciclista francésa los 33 años.

Por el momento, entre los grandes del pelotón, el equipo con más victorias es el Team Saxo Bank, con cuatro, seguido del Team Columbia – HTC con dos, por una de Bbox – Bouygues Telecom, Androni Serramenti – Diquigiovanni, Team Sky y Rabobank. Para hoy todavía esperan el campeonato contra el crono español, alemán, ruso, estonio,  portugués y esloveno además de las pruebas en ruta en Suecia y Lituania.

No se puede acabar este review sobre lo acontecido en el día de ayer sin hacer mención a la más grande, Jeannie Longo, a sus 51 años volvió a adjudicarse el campeonato francés contra el crono para añadir a su palmarés el que es su 57º campeonato nacional, 31 años después de haber conseguido el primero.

Previa: Gante-Wevelgem

-La prueba-

gante-wevelgem

En busca de llegar en el mejor momento de forma posible a los dos primeros fines de semana de Abril, muchos de los grandes especialistas del adoquín se citan en Bélgica para luchar por una de las carreras con más tradición dentro de las clásicas.

Este año la carrera nos trae dos novedades, el cambio de fecha al domingo previo a de Ronde van Vlaanderen, en lugar del miércoles posterior, además del aumento de kilometraje propuesto por la organización que finalmente ha sido recortado por la UCI.

-Historia-

Disputada por primera vez el año 1934 como carrera junior no fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial que la carrera se profesionalizó llegando al punto de ser, con la lógica excepción de los Monumentos, la clásica adoquinada con mayor importancia.

Con un dominio aplastante por parte de los ciclistas belgas venido a menos durante los últimos 30 años, y gracias a que nunca ha habido un dominador de la carrera en el palmarés de la prueba hay inscritos grandes nombres de las clásicas adoquinadas como Merckx, van Looy o Kelly, además de corredores más dados a otras vertientes del ciclismo como Anquetil, Hinault, Cipollini o Freire. La última edición, disputada el 8 de Abril de 2009 sirvió para que el joven Edvald Boasson Hagen apuntase a su palmarés su primera gran clásica batiendo a Aleksandr Kuschynski.

-Recorrido-

La carrera inicia su curso en la localidad de Deinze, para después de 219km llegar a la Wevelgem. El recorrido de la prueba discurre casi en su integridad por Flandes, con una corta inclusión en territorio francés.

Como acostumbra a ocurrir en las clásicas de adoquines y colinas, la primera parte del recorrido consta de 125km prácticamente llanos, sólo rotos por el primero de los dieciséis muros que componen la prueba. Llegado a tal punto kilométrico empieza un circuito por el que en dos ocasiones se suben un total de siete muros, que dejarán la carrera seleccionada a falta de unos 25km de la línea de meta. Los tramos de pavé, por su parte, se irán sucediendo durante el devenir de la etapa.

Es por éso que ésta es la clásica adoquinada en la que los sprinters tienen mayores opciones y una de las más propicias a llegar en grupos numerosos en los que jugarse la carrera.

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-Favoritos-

  • Sylvain Chavanel (Quick Step): teniendo en cuenta la no-presencia de Boonen ni Devolder en carrera, será la baza ganadora del equipo. No parece que esté atravesando su mejor momento de forma, pero siendo el líder en carrera del conjunto belga, seguro que tiene muchas cosas que decir.
  • Joan Antoni Flecha (Team Sky): después de ganar su primera carrera sobre piedras a finales de Febrero, el catalán querrá seguir sumando triunfos a un palmarés con una victoria de nivel. Viene de hacer algunas cosas interesantes en Tirreno-Adriático y llegar en el grupo cabecero en la Milán-San Remo, por lo que llega bien.
  • Edvald Boasson Hagen (Team Sky): el ganador del año pasado llega con algunas molestias y con ganas de demostrar que lo ocurrido el sábado pasado en la Classicissima fue una anécdota y que la victoria del año pasado no fue flor de un día. Su punta de velocidad y su habilidad en las cotas y los adoquines juegan a su favor.
  • Heinrich Hausler (Cervelo): junto a Thor Hushovd es la baza de equipo. El alemán, pese a que su lesión en la rodilla le puede lastrar, quiere hacerse por fin con su primera clásica, y qué mejor momento que en las vísperas de dos de sus máximos objetivos del año.
  • Fabian Cancellara (Saxo Bank): el campeón mundial crontrarreloj parece que este año sí que llega a las clásicas de Abril en plenas condiciones, y lo más importante, su estado físico da la sensación que aún puede crecer. Sabiendo todo lo que ha hecho, si le da por ganar el domingo será un buen síntoma, señal de que habrá habido espectáculo.
  • Alessandro Ballan (BMC): siendo como es una de las grandes apuestas del equipo, tiene que empezar a dar rendimiento ya para intentar salvar el pésimo inicio de temporada del conjunto BMC. Cualidades para llevarse la victoria, las tiene.

No obstante, esta carrera, dada como es a las sorpresas, tiene varios factores a tener en cuenta, y uno de ellos es el meteorológico, y es que se prevén temperaturas máximas de 10ºC, lluvia y viento.

La apuesta de C&H: Koldo Fernández de Larrea.