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Gregarios en el Tour de Francia 2010

Toca el turno de los tapados, los que no se ven, los que no reciben titulares, los que conocen los aficionados que pasan de febrero a octubre viendo ciclismo. Su trabajo es en muchos casos muy sucio, de muy poco lucimiento, pero muy agradecido por los que rematarán el trabajo y se llevarán las glorias.

Cabe destacar que para entrar en tal categoría se debe tener un motivo, un líder al que proteger, ya que sin él es imposible trabajar para nadie, por mucho que haya algún corredor con aptitudes innatas para este fin. También comentar el sentido de la palabra gregario en este artículo no es el de subir bidones. De este modo encontramos, entre los mejores equipos, los mejores gregarios, capaces de sacrificarse en cualquier momento en el terreno en el que deben proteger o llevar en volandas a su jefe de filas.

Por tanto, a continuación exponemos algunos de los ejemplos de todos aquellos ciclistas que pasarán en mayor o menor medida inadvertidos pero que tendrán gran parte de la culpa de que sus equipos acaben (o no, no siempre 1+1 acaba siendo 2) cosechando los éxitos esperados.

El Trenno del Team Columbia – HTC

Si al mejor sprinter de la actualidad le añadimos un equipo a su entera disposición no es difícil imaginar los resultados. Para muestra, la edición pasada del Tour, en la que Cavendish se llevó seis triunfos de etapa. Su habilidad como sprinter es indiscutible, pero poco hubiera conseguido de no ser por sus gregarios. Y poco conseguirá este año sin ellos. Y es que cuando vayan acercándose los últimos kilómetros de cualquier etapa llana, maillots blancos con detalles amarillos irán empezando a copar las primeras plazas del pelotón, bien cazando a los fugados que aún estén delante del pelotón, bien advirtiendo a futuros valientes que no tendrán ninguna opción de llegar con ventaja a meta.

Michael Rogers estará algo más liberado de trabajo, pero nada impedirá que junto a Maxim Monfort, Bert Grabsch y Kanstantsin Sitsou sea uno de los encargados de imponer al pelotón una velocidad de crucero que encamine al pelotón a un sprint lo más limpio posible. Será acabada su labor a pocos kilómetros de la llegada cuando le llegue el turno a Tony Martin, corredor que perfectamente podría dedicarse a cazar etapas, pero que derramará todas sus fuerzas durante uno o dos kilómetros para dejar a Adam Hansen, además de grandes sprinters como son Bernard Eisel y Mark Renshaw, en posición ideal para lanzar a Mark Cavendish para que éste pueda rematar el trabajo del equipo y pueda llevarse el triunfo en la volatta.

foto: bicycle.net

Visto así, el triunfo de Cavendish parece más fácil ¿no?

El geriátrico de RadioShack

Si por algo se destacaron los triunfos de Lance Armstrong durante sus siete Tours fue por llegar siempre a los finales en alto en grupos bastante reducidos donde gran parte de las ocasiones casi la mitad de los integrantes eran sus fieles escuderos, que renunciaban a su gloria para dársela en forma y color de maillot amarillo en París al tejano.

Donde años atrás estuvieron Roberto Heras, Chechu Rubiera, Floyd Landis, George Hincapie, el ahora director de RadioShack, José Azevedo, o Manolo Beltrán, entre muchos otros, ahora estarán otros corredores. Es el patrón de equipo que la sociedad Armstrong-Bruyneel ha utilizado desde siempre y que tan bien les ha ido.

Así, otra vez, el equipo que presenta el nuevo conjunto americano asusta a cualquiera. Gregory Rast y Dimitry Murayev serán los encargados de marcar en el pelotón el ritmo que más le interese a Armstrong durante muchos kilómetros y muy lejos de meta, subiendo, en muchas ocasiones, auténticos puertarracos comandando el pelotón. Su trabajo acabará, probablemente, durante la subida del penúltimo puerto, donde Yaroslav Popovych y Sergio Paulinho tomarán el relevo e incrementarán el ritmo para evitar que haya alguien que intente buscar las cosquillas a su líder antes de que su trabajo acabe en la primera rampa del último puerto. Será el turno de Janez Brajkovic, Andreas Klöden y Chris Horner, escaladores más que contrastados y grandes especialistas en vueltas por etapas, que sin ir más lejos esta temporada se han hecho con la Itzulia (Horner) y el Critérium du Dauphiné (Brajkovic) además de dos podios en el Tour de Francia en 2004 y 2006 (Klöden); no obstante todos ellos renuncian a todo por acercar al tejano a la cima en las mejores condiciones, marcando ritmo y saliendo a cualquier segundo espada que intente probar alguna aventura. Será entonces turno de que el siete veces campeón del Tour juegue a ciclista. Y por si fuera poco, si fallase alguno, allí estará Levi Leipheimer para apagar fuegos y acercar a Lance a cabeza de carrera en caso de que haya fallado y haya que minimizar diferencias.

Y es que la experiencia, en un equipo donde el único que baja de los 30 años es Brajkovic y son cuatro los que ya han cumplido los 35, es un arma que de tanto usar, manejan fácilmente.

foto: esciclismo.com

Nos encontramos con un Armstrong a sus 38 años, pero recordar esta secuencia de corredores hace diez años cuando estaba en el cénit de su carrera hacía entender que durante tantos años monopolizase el Tour a su favor.

Sylwester Szmyd

Si alguna vez alguien preguntase por un sinónimo de la palabra gregario, debería salir, antes de la quinta respuesta, su nombre. Llegada la última subida, Sylwester Szmyd siempre estará presente para darle el último apoyo a Ivan Basso y Roman Kreuziger, para meter en el grupo de candidatos un ritmo infernal que permita que sus jefes de filas puedan atacar cuando el resto de favoritos estén más blandos. Sabe que su etapa acaba cuando sus líderes hagan su ataque, aunque en caso de desfallecimiento de alguno de ellos será el encargado de llevarles al ritmo adecuado hasta meta.

foto: blogspot.com

Su trabajo es impresionante, y así lo reconocen desde Liquigas, equipo por el que ha renovado dos años más. Sólo un triunfo en su carrera da cuerpo a su palmarés, el año pasado, cuando en compañía de Alejandro Valverde se llevó el triunfo de etapa en el Mont Ventoux en la DL, casi nada.

Los guerreros rocosos

Habiendo hablado ya de gregarios cuesta arriba y gregarios en llegadas al sprint, falta únicamente hablar de aquellos que serán los encargados de proteger a sus jefes de filas en el llano, de tirar del pelotón para provocar cortes y sacar diferencia a los rivales. Este año con la inclusión de la etapa de pavés el martes 6 de Julio brillarán con más facilidad que nunca.

Por un lado tendremos a los nuevos Team Sky y BMC Racing, mientras que por el otro Fabian Cancellara llevará todo el peso del Team Saxo Bank, junto a Matti Breschel. Su misión será la de romper la carrera velando porque a Bradley Wiggins, Cadel Evans y los hermanos Schleck no sufran ningún percance en un terreno que no se adapta, para nada, a sus características -en el caso de Wiggo en cierta medida, sí-. Será curioso ver a Boasson Hagen o Flecha luchando por una posición al frente del pelotón frente a Ballan o Hincapie y Cancellara.

foto: cyclingfans.com

Al final, una caída o un pinchazo pueden hacer que todo su trabajo acabe siendo en vano, pero allí habrán estado, al lado de sus jefes de filas cuidando de ellos, protegiéndoles de cualquier contratiempo que les pudiese suceder y, en caso de suceder, tratar de poner la rueda para minimar los daños.

Xavier Andres

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Mismo final, distintos ingredientes

(Foto: Susi Goetze)

Ayer despedía la crónica de la primera etapa de la Vuelta al País Vasco deseando que los ciclistas mantuviesen la hiperactividad de la jornada de ayer durante toda la semana. Como era de esperar, en la segunda etapa apenas ha sucedido nada digno de recordar. Un día anodino en la Itzulia, con una escapada, un pelotón y una llegada al sprint.

Los protagonistas del día fueron Amets Txurruka (Euskaltel – Euskadi), Michael Rogers (HTC – Columbia) y Alberto Benítez (Fotoon  Servetto Fuji). Los tres se comieron casi cien kilómetros juntos, hasta que Rogers, que se había ido en solitario, fue capturado por el pelotón a unos 20 de meta. El australiano llegó lejos de los favoritos ayer, lo que le descartó por completo para la lucha por la general, pero es de justicia recordar que lleva un inicio de temporada remarcable: como mínimo, se ha dejado ver en todas las carreras en las que ha participado. No es poco para un ciclista habituado al anonimato desde hace demasiado tiempo.

Entre Saxo Bank -se sigue viendo muy activo a Andy Schleck, aunque todo apunta a que será un gregario para su hermano-, Caisse d’Epargne y Rabobank controlaron la carrera. En los últimos kilómetros lo intentaron Gerdemann, Malacarne, Marchante (y pensar que hace cuatro años ganó la carrera; qué cosas tiene este deporte) y el SkyBoy Bradley Wiggins, ya muy cerca del final. No hubo grandes obstáculos para que Valverde y Freire repitieran el duelo del lunes, esta vez en ligera pendiente y con el cántabro a rueda del líder de la carrera.

Volvió a ganar Valverde, pero esta vez sin mediación de los jueces. No se crean que la llegada no tuvo miga: justo en los últimos 20 metros, Valverde hace un movimiento brusco hacia la izquierda que provoca que Freire tenga que modificar su trayectoria y dejar de pedalear para no irse al suelo. Freire no tardó en felicitar a su compañero de selección y luego declaró que el sprint había sido normal, igual que el de la primera etapa, por lo que no tenía motivos para reclamar. Valverde celebró con rabia (se aprecia en la foto) otra victoria que echarse a la boca en lo que llega y no llega la sanción de la UCI. En este caso, la necesidad se notó en las formas.

Mañana es probable que tengamos más de lo mismo. A 15 km. de la meta de Amurrio se subirá el Alto de Mendeika, un repecho de kilómetro y medio al 7%. Quizás alguien lo intente, pero no parece claro que vayan a moverse los aspirantes a la general, que todavía son muchos, con la llegada a Arrate programada para el jueves. Se presenta la última posibilidad para que Freire se lleve una victoria merecida del País Vasco, si el hambre de Valverde lo permite.

David Vilares

Detrás de las cámaras

(Foto: AFP)

Pierrick Fédrigo ha logrado en Córcega una de las victorias más importantes de la temporada para el B-Box Bouygues. En terreno galo, en carrera ASO y con competidores de postín, se ha llevado la primera etapa y la general del Critérium Internacional. Fédrigo sentenció la carrera en el Col de l’Ospedale, con un ataque a dos kilómetros del final que le granjeó 11 segundos de ventaja sobre Tiago Machado (RadioShack) y 15 respecto al grupo de Samuel Sánchez, Evans, Rogers o Moncoutié. La subida corsa tenía su encanto pero dio muy poco de sí: Astana, entre Navarro y Vinokourov, bloqueó la carrera hasta los últimos tres kilómetros. Fue capturar a Sergey Lagutin, en cabeza durante los siete kilómetros previos (¡!), y soltarse Moncoutié, Machado y el postrero vencedor. De ahí hasta meta sólo hubo tiempo para que estos dos últimos aumentasen su ventaja y se mostrasen David López y Beñat Intxausti (muy buena carrera la suya).

La segunda victoria parcial fue para Russell Downing (Sky), un británico desconocido que hasta esta temporada había militado en equipos anglosajones de poca monta. Su victoria, la primera en las carreras prestigiosas de Europa, fue al sprint en el sector matinal del Critérium, delante de Albasini y el propio Fédrigo, en un final duro. Por la tarde se disputó la diminuta contrarreloj, que se llevó David Millar. Fédrigo cedió 17 segundos con el escocés (13 con Rogers y sólo dos con Machado), suficientes para que se adjudicase la general con la máxima holgura que admite una carrera tan corta. Le acompañaron en el pódium el renacido Rogers y Machado.

La LXXIX edición del Critérium Internacional fue vendida al gran público como el reencuentro en competición entre Lance Armstrong y Alberto Contador. Estos dos personajes, que llenarán las pantallas en el mes de julio, honraron a los patrocinadores de la carrera de ASO con su presencia en Córcega. No lo hicieron así con las carreteras y la afición: mientras Armstrong se desentendía junto a su fiel Popovych de cualquier pelea en l’Ospedale, Contador explotaba al ritmo de Vinokourov y cedía más de un minuto con Fédrigo en los últimos tres kilómetros. Extraña circunstancia para el madrileño, que no había perdido una carrera por etapas desde el Dauphiné Libéré del año pasado.

La atención mediática de estos dos fenómenos es un gran motivo para alegrarse de la victoria de Pierrick Fédrigo, porque pertenece al ciclismo francés de hoy, sobrevalorado e inadvertido a partes desiguales. No en vano, Fédrigo lleva seis temporadas consecutivas en el Bouygues y nunca ha corrido para un equipo de fuera del país vecino. Es un ciclista de calidad, completo, con varias victorias importantes, cierta punta de velocidad, capacidades para la subida y desempeño ganador. Conforma con Thomas Voeckler -el otro puntal del Bouygues- las dos caras de una misma moneda: mientras el ex líder del Tour disfruta con la atención de las cámaras y el público, Pierrick hace poco ruido incluso cuando gana. Lo más importante es que los dos comparten nacionalidad, equipo y nivel sobre la bicicleta. Son parte del ciclismo de cabeza de ratón, que en julio lucha 21 días para hacerse con su pequeño gran momento de gloria.

Y es que, al final, el Tour lo es casi todo. Por eso, entre otras razones menos entretenidas, Contador y Armstrong han sido los protagonistas mundiales del Critérium Internacional, pese a irse de vacío (el de Pinto acabó segundo en la CRI). En julio serán el centro de las miradas y todos lo disfrutaremos y los disfrutaremos en la carrera más grande del planeta ciclista. Pero ahora es tiempo de rendirse ante la justicia poética; al fin y al cabo, la mayoría de las alegrías que da la vida son tan pequeñas como la duración del Critérium Internacional, la localidad de Porto Vecchio o el presupuesto del Bouygues.