Despedida desde la sombra – Ciao, Velo

Llega la hora del adiós también para Marco Velo, a sus 36 años, uno de los ciclistas anónimos que ha dado el pelotón italiano, y que se ha mantenido en la élite durante quince temporadas.

Su llegada al profesionalismo se vio retrasada por unos problemas de dopaje en 1994 que le supuso una sanción de dos años. Pese a la dificultad que entrañaba -y sigue entrañando- entrar a formar parte de un equipo tras una suspensión para un ciclista joven y sin resultados, el ciclista de Brescia encontró un lugar en Brescialat, equipo en el que corrió sus dos primeras temporadas, 1996 y 1997. La primera de ellas no le reportó ningún resultado destacable, aunque sí que le serviría para conocer de primera mano el Giro d’Italia, mientras que en la segunda dio muestras de su potencial alzándose con una séptima posición del Critérium Intenational, lo que habla muy bien de sus dotes de corredor todoterreno, capaz de dar la cara en el llano, la crono y cuesta arriba. Pero por encima de todo, aquellas dos temporadas le sirvieron para hacerse un nombre como corredor de equipo.

Y así se confirmó cuando en 1998 fichó por el equipo Mecattone Uno, en que su papel fue en todo momento el de escudero de lujo del malogrado Marco Pantani, con el momento culminante de la victoria de ‘el Pirata’ en la clasificación final del Giro; por su parte Marco Velo se hizo con una meritoria 20ª posición que se añadía a un Top15 en Itzulia. Pero aquel año le sirvió también para alzarse con el primero de sus cuatro maillots de Italia contra el crono, además de la Crono de las Naciones y la Florencia-Pistoya.

foto: bikenews.it

La temporada siguiente, la de 1999, fue probablemente, a nivel de resultados, su mejor campaña, cuando repitió victorias en el campeonato contrarreloj italiano y en la Florencia-Pistoya y se adjudicó el GP de Llodio (su única victoria en línea). Pero más allá de las victorias rayó a un notable nivel en las clásicas ardenesas y ayudó a Pantani a vestirse de rosa, antes de que éste fuese apartado de la carrera.

En 2000 y 2001, huérfano de un líder por el que velar, fue considerado el jefe de filas de su equipo, y consiguió otra vez buenos resultados en las Árdenas en 2000 y un meritorio 11º puesto en el Giro 2001 además de revalidar ambas campañas el título italiano que poseía, aunque se le retirase después la edición 2001.

Era momento de hacer un cambio, y a sus 28 años su destino fue Fassa Bortolo, otra squadra italiana con grandes ciclistas como Michele Bartoli y esperanzadores promesas como Kim Kirchen o Alessandro Petacchi.

Y es éste último, junto al de Marco Pantani, el nombre al que su carrera va ligada, cuando desde 2003 pasó a ser una de las piezas claves del Treno de Fassa Bortolo, dominador absoluto de las llegadas masivas hasta 2005, logrando etapas en Giro, Tour y Vuelta, además de la Milán-San Remo 2005. Y es que la sucesión, uno tras otro de los Brusheghin, Gustov, Flecha, Trenti, Baldato, Tosatto, Ongarato, Velo y Petacchi dio al equipo muchísimos triunfos. Además, durante aquellos años Fassa Bortolo se alzó con la general de Tirreno-Adriático, dos Giros de Lombardía y una Amstel Gold Race. Marco Velo había sido pieza importante, en su labor de gregario en cada uno de los terrenos, de uno de los mejores equipos que el nuevo siglo dado.

foto: giocoegiochi.com

Pero con la desaparición de Fassa Bortolo hizo que Velo tuviese buscar nuevo equipo en 2006, y junto a Petacchi recaló en el conjunto Milram, donde siguió echándole una mano al sprinter liguriano en las llegadas masivas, hasta que tras las acusaciones de doping de Petacchi en el Tour de 2007, sus caminos se separaron en 2008.

Así, al comienzo en la temporada 2008 Velo tomó rumbo a Bélgica y recaló en el conjunto Quick Step, desde un papel mucho más secundario dedicándose a ejercer de corredor veterano guiando a los jóvenes, la única de las labores de equipo que en su extensa carrera no había ejercido.

Y aunque su alejamiento de la primera línea de competición los últimos años ha sido progresivo, se despide de nosotros un gregario, con todas y cada una de sus letras, un corredor que durante su carrera ha sacrificado su gloria en favor de la de sus equipos.

Xavier Andrés

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