Tourmalet, Schleck, Contador

(Foto: © Roberto Bettini)

Los tres nombres propios del título bastan para definir la 17ª etapa del Tour de Francia 2010. El primero es probablemente la más importante de todas las grandes cimas que sube la caravana del Tour; el segundo es el mejor joven de la carrera por tercer año consecutivo, y con su victoria de hoy, su probable segundo puesto en la general y las perspectivas de lo que llegará, ya es un grande de esta carrera; y el tercero va a ganar su tercer Tour de Francia en su cuarta participación. Los tres se han ayudado de forma recíproca para alimentar y engrandecer su leyenda bajo la capa de niebla que ha saludado al pelotón en la etapa reina de la carrera.

Andy Schleck ha ganado en el Col du Tourmalet. Probablemente pasen muchísimos años hasta que otro ciclista inscriba su nombre de esta forma en esta cima, aunque sólo sea por una cuestión logística. Ha ganado tras diez kilómetros de subida en solitario, en compañía de Alberto Contador. Con todo el tiempo que han pasado juntos en carrera, probablemente ya vean a su máximo rival como un órgano más de su propio cuerpo. El luxemburgués dinamitó la carrera con un ataque a esos citados diez kilómetros de meta que, sorpresa, sólo pudo seguir Contador. Por detrás dejaron un grupo del que tiraba Robert Gesink en favor de su líder Menchov, junto al resto de sospechosos habituales de este Tour.

Schleck sólo tenía una forma para subir el Tourmalet y aspirar a desbancar a Contador, y la ejecutó tal y como debía: un primer ataque duro, sostenido en el tiempo, seguido de un ritmo muy exigente y muy prolongado, sin variar más de lo estrictamente necesario. Subiendo así, no había rival para ninguno de los dos dominadores de esta carrera, como nunca lo ha habido en realidad. Si Andy estuvo brillante en la proposición, a su altura estuvo Contador, que aguantó toda la subida a rueda, sin concesiones. Realizó un ataque a cuatro kilómetros de meta, para probar las fuerzas de ambos, pero el maillot blanco se lució para cogerle la rueda. Los dos estaban condenados a permanecer juntos, y lo celebraron con un pacto por la etapa.

Contador no disputó el sprint al llegar a lo más alto del Tourmalet. En meta reconoció que no quiso disputarle la victoria a Schleck porque éste había llevado todo el peso de la subida. Hay quienes pueden tomar este gesto como una prueba de caballerosidad y honradez, mientras que otros lo verán como un acto de artificialidad y un atentado contra la competición. Probablemente no haya una postura más correcta que otra y todo quede al aire de los matices personales. Más allá de eso, hoy Contador se acerca muchísimo a su tercer Tour, pese a que no ha estado brillante y apenas ha superado a su máximo rival. Será su quinta vuelta grande en seis participaciones, un dato al que cuesta encontrar precedentes.

(Foto: © Roberto Bettini)

Por detrás de la pareja de oro pasaron más cosas. Joaquim Rodríguez, por ejemplo, fue el mejor de todos los restantes, y a falta de la crono está séptimo en la general, un balance sobresaliente para su primer Tour. Menchov cedió ocho segundos ante Samuel Sánchez -con susto y caída al inicio de la etapa- pero es el favorito para acompañar en el podio a Contador y Schleck, con Van den Broeck a casi dos minutos de ambos. El navarruso tendrá que remontarle 21 segundos al asturiano. Otros nombres destacados del Tourmalet son Hesjedal (el nuevo top10 del Garmin de todos los años), Gesink, Kreuziger, Cunego, Horner o Roche, todos entre los doce primeros clasificados de la jornada.

Más atrás llegó Carlos Sastre, protagonista de buena parte del día. Cuando Sánchez se cayó, con la escapada ya formada, el líder del Cervélo aprovechó para salir del pelotón y reunirse con su compañero Konovalovas con el objetivo de llegar a la cabeza de carrera. No lo consiguió en la ascensión a la Marie Blanque y en el cuerpo a cuerpo en el llano ante los potentes rodadores de delante (Flecha, Boasson Hagen, Burghardt, Kolobnev y otros algo menos dotados) no tenía nada que hacer. Él lo sabía, su director lo sabía, los escapados lo sabían y el público lo sabía. El abulense se empeñó en la persecución vana durante dos tercios de la etapa, aun con todo. Después, ya en meta, pegó una rajada sobre el fair play y el ciclismo moderno. Las cosas de Sastre.

El Tourmalet nos deja más cosas para la resolución de la carrera. Entre ellas, que Charteau será el rey de la montaña, que Hushovd lo va a pasar mal para defender el maillot verde ante Petacchi y que RadioShack tiene en el bote la clasificación por equipos. También nos deja aspectos inclasificables, como la sensación de haber presenciado una jornada que será recordada durante lustros por la afición ciclista, por el escenario, los protagonistas y la batalla entre ambos.

David Vilares

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