La cadena del campeón

(Foto: © Roberto Bettini)

En uno de sus numeros más habituales, Thomas Voeckler coronó hoy el Port de Balès con el plato grande metido. El campeón nacional francés ya se sabía ganador de etapa antes del descenso hasta Bagnéres de Luchon, y quiso hacer una exhibición vana pero simpática a su paso por la cima del Hors Categorie del día, antes de lanzarse cuesta abajo hacia la meta. Unos kilómetros por detrás, Andy Schleck intentó otra maniobra mecánica similar que ha podido decidir el Tour de Francia 2010: en pleno ataque, al luxemburgués se le salió la cadena de su bicicleta, probablemente por un error propio -lanzamos el guante a algún cicloturista más o menos habitual a que dé su versión; servidor reconoce que su torpeza sobre la bici no conoce límites-, y perdió un puñado de metros determinantes con Alberto Contador.

A partir de ahí, a poco más de dos kilómetros para la cima del puerto, llegó una persecución desenfrenada con Denis Menchov, Samuel Sánchez y Alberto Contador por un lado, y Andy Schleck por el otro. Una vez que logró arreglar su avería, con muchos nervios y segundos de más, el maillot amarillo arrancó como un poseso con el fin de minimizar pérdidas. Al principio lo conseguía, y muy rápido -al paso por la cima de Balès, sólo cedía 14 segundos con el grupo de Contador, y ya había alcanzado el grupo inmediatamente anterior, con Van den Broeck, Vinokourov o Gesink-, pero en el descenso la inferioridad númerica  (sólo el belga del Silence aguantó con Andy) aumentó la diferencia hasta los 39″ que marcó el cronómetro en meta, suficientes para que haya cambio de líder.

Durante toda la subida a Balés, el Saxo había estado endureciendo la carrera. Antes del incidente con la cadena (chaingate), Schleck ya había atacado, con una buena respuesta de Contador, Samuel y Menchov. Tras el parón y reagrupamiento posterior llegó el ataque que ha cambiado la carrera para siempre, en el que Contador estaba sorprendentemente despistado. Era probablemente el ataque más duro del pupilo de Riis en todo el Tour de Francia y, aunque Contador estaba reaccionando, nunca sabremos qué habría pasado si esa cadena no hubiera saltado. Así se escribe la historia.

La acción de Contador de seguir hacia adelante y no esperar a Schleck ha dado pie a cierta polémica injustificada. Estos errores y estos lances van ligados con sangre al ciclismo e incluso al deporte. Hoy Contador (y Menchov y Sánchez) ha aprovechado una circunstancia de carrera frecuente, si nos evadimos del contexto, y que llega por un error de su rival. Manejar una bicicleta y ser ciclista profesional te expone a este tipo de acontecimientos. Todos los ciclistas se ven perjudicados de vez en cuando por este tipo de problemas, y no es la primera vez que una carrera se decide en estas suertes. Son las reglas del juego. Más allá de la carretera, el resto es un juego de declaraciones interesadas de los protagonistas, con poco interés y menos trascendencia.

Ajeno a la persecución y a la polémica, y siempre cerca de las cámaras de televisión, el entrañable Voeckler celebraba otra gran victoria que añadir en su palmarés. Es una victoria de mérito por dos razones: porque se pagaba muy caro filtrarse en la fuga del día -tras una hora de carrera, ningún intento había fructificado aún- y porque Voeckler fue el más fuerte de la escapada con mucha diferencia. A mitad de la ascensión a Balès, el líder del B-Box (notabilísimo Tour hasta el momento para el equipo de Vendée) apretó tanto a sus nueve compañeros que se quedó solo. Ni Ballan ni Pérez Arrieta ni el resto de escapados pudieron acercarse nunca a Voeckler, que ha mostrado una efectividad de killer: ésta era su primera fuga del Tour.

(Foto: © AFP)

Este desgaste de la hora inicial, añadido al acumulado de las dos semanas anteriores, abre las esperanzas para la etapa de mañana. Se ascenderán Peyresoude, Aspin, Tourmalet y Aubisque, cuatro de los puertos-estrella de los Pirineos. El problema es que el Aubisque se corona a 60 km. de Pau, ciudad que acoge la meta. Por otro lado, Andy Schleck parece enrabietado y su director es uno de los mayores megalómanos que jamás hayan conocido los coches de equipo. Es muy complicado que suceda algo grande, por las circunstancias de la etapa y de los equipos, pero hay motivos tímidos para el optimismo. Y, por encima de todas las cosas, nunca jamás se puede infravalorar al Tourmalet.

David Vilares

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