Cobbles, hills… y lluvia en Flandes

Al abrir la ventana del hotel a las 6 de la mañana todo parece perfecto. Sólo se ven estrellas. Bien. Algo de frío, pero despejado. Así que me pongo un culotte pirata y maillot de manga larga. Voy en coche a Brujas, dónde monto la bici (la rueda delantera, el sillín y el dorsal; el 813).

A las 7 ya amanece en la Plaza del Mercado (Grote Markt) de la ciudad flamenca. Subo la rampa del escenario que al día siquiente servirá a los pros para el control de firmas. A nosotros simplemente nos sellan un papel para saber que vamos completando el recorrido. Me junto con un par de amigos, uno de Orio y otro de Doneztebe, y comenzamos la marcha. Allí cada uno empieza cuando quiere. Sella el papel y sale. Fácil.

Perfil de la carrera de aficionados del sábado

Poco a poco se forman pelotones. Los primeros kms son dirección norte, hacia la costa, a Wenduine. En Flandes siempre hay que ir con mil ojos. Siempre vamos por los carriles bici, que son estrechos y de cemento. Además somos muchos cicloturistas, y no todos dominan bien la bici. Frenazos, curvas cerradas, cruces… estoy deseando llegar al 1º avituallamiento para ir haciendo grupos más pequeños.

Así van pasando los kms. Llegamos a Oostende, también en la costa, donde giramos para volver al interior de Bélgica. En este cambio de sentido, todo cambia. A lo lejos se comienzan a ver nubarrones negros. Son las 8 de la mañana, y aunque frescos, estamos secos… aún. Me pongo a tirar un rato. Me suele gustar estar delante para evitar a algunos patanes. Sobre el km 60 llegamos a Torhout, donde tenemos el 1º avituallamiento. Nos sellan el papel, rellenamos los bidones y cogemos algo de comida.

Aún hay mucha gente, así que en cuanto se forma algún grupito que tira para delante, voy con ellos para estar más agusto. En este momento dejo a mis amigos. Van a un ritmo más suave, y me apetece acabar pronto. Cuando llevamos 2 horas y media, comienza a llover. No llevo chubasquero, pero sí un chaleco que es “un poco antiagua”. Pero no lo suficiente. Desde este momento hasta el final, pararía muy poco de llover. Incluso granizó un rato. En el km 110, el 2º avituallamiento en Desselgem. Esta parada la hago rápida, porque con lluvia te puedes quedar muy frío si paras mucho. Luego cuesta arrancar.

Trás este avituallamiento, comienza lo bueno. Y además con grupitos muy reducidos. Yo me junté aquí con un par de chavales de la zona que iban bastante bien. Hacia el km 120 ya empiezan los muros. No recuerdo bien cuando comienza el pavés, porque hay tantos tramos, y tan repartidos, que ya no me acuerdo si fue antes o después del 1º muro. El 1º muro este año es el Den Ast. Se sube fácil ya que es de asfalto. Después vienen unos cuantos tramos de pavé. Aún se va fuerte y son cortitos, por lo que no cuesta mucho superarlos.

Un par de tramos más de pavé y llego a Oudenaarde. 3º avituallamiento, en el km 150. En este punto tengo que hacer una parada técnica un poco más larga. Se ve que el frío y la lluvia habían hecho estragos en mi interior, jeje. Oudenaarde es el corazón de la Ronde. Aquí está el Museo del Tour de Flandes. Por los alrededores de este pueblo se pasa hasta 4 veces durante la prueba, y el Koppenberg está aquí al lado. Pero para llegar a él aún me queda mucho…

Unos cuantos kms de llano por un carril bici nos lleva a una sucesión de muros, pavé.. esto se endurece. Sin apenas descanso tenemos Kluisberg, de asfalto, Knokteberg, también de asfalto, el Oude Kwaremont (el 1º que se subió), de pavé muy roto, y el Paterberg, uno de los más duros con su pendiente máxima del 20,3%. Por medio, tramos de pavé. Subir se sube, pero cuando el pavé es cuesta abajo… yo comí las 4 pastillas de freno. Al final ya no me frenaba.

El siguiente muro después del Paterberg es el mítico Koppenberg, en el km 180. Aprovecho la aproximación para comer, beber e intentar quedarme sólo para no tener estorbos en la subida. Pero eso es imposible. Los que han hecho los recorridos cortos se han ido juntando, y a estas alturas ya estámos todos juntos. Y somos 19.000 locos… Así que llego a Koppenberg, con mucha gente. 600 mts de subida. Pendiente media del 11,6%. Máxima del 22%. Pavé. Lluvia. Hierba. Mucha gente. Curva a la derecha, comienzo a subir. Pero pronto la rueda de atrás empieza a patinar. No hay tracción. Y además hay que esquivar gente que sube a pie. Conclusión. Pie a tierra. A subir a pie. Por 2º año seguido el Koppenberg me gana. El año pasado se paró uno delante mío y no pude esquivarlo. Este año, directamente, el pavé mojado me ha superado.

Así que poco a poco subo a pie, como casi todos. Veo a mis amigos, que me graban en video. A pie bajo la lluvia. Genial. Por fin arriba, monto en la bici y sigo. Qué le vamos a hacer… ¿a la 3ª será la vencida? Siguiente muro, Steenbeekdries, también de pavé. Pero éste se sube bien, no hay tanta pendiente y aunque a veces la rueda patina, es controlable. Tras éste, una larga zona de pavé te mata. Hacia arriba, hacia abajo, llano… y después, el 4º y último avituallamiento, en el km 193. En este punto hay un atasco importante para sellar el papel, pero es obligatorio y hay que aguantar.

Tras este pequeño calvario, de repente el Taaienberg, también de buen pavé. Y otra zona larga de pavé. A estas alturas el pavé ya no es tan gracioso. Cada vez se pasa más despacio, no sabes cómo apoyar las manos en el manillar… acaba el pavé, asfalto, curva, y otra vez pavé… buffff. Infierno bajo la lluvia. Siguiente muro, Eikenberg, también de pavé “fino”. Y después, más pavé… ¿ésto no se acaba nunca?

El siguiente muro es otro de los grandes. El Molenberg. El año pasado era el primero en pasarse. Este año es el 10º. Pavé más roto. Mucho barro. A medio km del muro, adelanto a un mito. Davide Cassani. Comienzo el muro y veo delante a una chavala de mi pueblo. Cuando voy a saludarla, patino en el barro. Pie a tierra. No puede ser… Pero veo la salvación. Hay una curva 10 mts después, sin barro por fuera. Subo hasta allí a pie. Me vuelve a adelantar Cassani. En la curva, me monto de nuevo y encajo las calas de mala manera. Para arriba. Esta vez sí, ¡¡vamos!! Arriba pillo 1º a la chica del pueblo y le saludo. Y poco después, casi me choco con Cassani, que para para hablar por teléfono y casi me da con el manillar. Ya quedan sólo 50 kms para la meta en Meerbeke. Desde hace tiempo no hay ni pelotones ni grupos ni nada. Cada uno va como puede.

Tras Molenberg vienen Leberg, Berendries y Tenbosse, que no tienen mucha historia. Son de asfalto y la rueda agarra bien a pesar de la lluvia. Y pese al cansancio, la cercanía del Muur y del final hacen que se suban con ganas. Desde Tenbosse, una larga bajada hasta Geraardsbergen, hogar del Muur Kapelmuur. Nosotros no entramos como lo hacen los pros. No tenemos la parte de pavé del centro del pueblo, pero tenemos una cuesta durísima justo antes de comenzar el Muur.

En la aproximación al Muur, pinchazo… ¡¡Mierda!! A unos 15 kms de la meta, el pinchazo. De mala manera cambio la cámara de la rueda (trasera, para más inri). Un amable ciudadano me deja su inflador de los buenos, así que puedo meterle los 8 kilos que le suelo meter. Es muy difícil cambiar una cámara con las manos congeladas. El pinchazo me calentó más para subir con ganas el Muur. Así que arranqué y lo subí cabreado por el pinchazo. Mis amigos me grabaron, me animaron, pero yo iba a lo mío. Ya pasaba de todo. 15 kms a meta a saco. Vencí bien el 20% del Muur y me dirigí al último muro y tramo de pavé de la Ronde: el Bosberg.

Bosberg se sube bien. Es pavé, pero “sólo” tiene el 11% y es ancho. Hay que esquivar algún ciclista y algún que otro coche que los acompaña. Venga, último esfuerzo. Ya arriba, alegría. Todo superado. 11 kms a Meerbeke, todo asfalto y bastante cuesta abajo. Llueve, pero ya da igual. Aquí voy rapidísimo, me junto con un flamenco y vamos a relevos, pasando a todos. Y por fin, al fondo, el Arco Amarillo de Meerbeke. El destino deseado 10 horas antes en la plaza del Mercado de Brujas, cuando aún lucía el sol (es un decir, aún amanecía, pero sin nubes). 258 kms.

Tras pasar bajo el arco, otros 2 kms a Ninove, la zona de duchas. Por fin. Una llamada a mis amigos para que vengan con la ropa y otra a casa para que sepan que ya he acabado. Ya son más de las 5 de la tarde. Todo el día bajo la lluvia, sobre la bici. Pero a gusto. Me ha ganado el Koppenberg, pero ha tenido que usar sus armas más sucias para ello: la lluvia y el barro. Al resto, los he ganado yo, que narices. Una “ducha” y a tomar unas birras en la carpa de Ninove. Por 2º año seguido, La Ronde es mía.

Al día siguiente, carrera de los pros. La vemos en el Muur, en la recta donde Cancellara se deshace de Tommeke. Todos tristes, bueno, casi todos. Y después, ya volviendo a casa, parada técnica en el Foret d’Arenberg. Otro lugar mítico. Esta vez no saco la bici del coche puesto que está desmontada. Pero allí se respira historia, y se respira venganza. La venganza que Boonen tendrá preparada para Cancellara el próximo domingo en la Paris-Roubaix.

Asier Ruiz de Eguino.

Los adoquines que subieron los aficionados el sábado, secos el domingo. Foto: Asier Ruiz de Eguino

Asier Ruiz de Eguino es forero de ACB, cicloturista y un apasionado de la bici. Podéis ver sus aventuras cicloturistas en su blog, Blog Cicloturista.

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4 Respuestas a “Cobbles, hills… y lluvia en Flandes

  1. Me ha encantado, transmite muy bien las sensaciones de una experiencia así. Un lujo, Asier.

  2. Muy grande Asier.

    El año que viene el Koppenberg es tuyo.

  3. Muy grande Asier!

    Si leerlo esta muy bien, vivirlo tiene que ser tremendo.

  4. Asier, un cicloturista en Biciciclismo… 🙂

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